martes, 28 de agosto de 2012

DE OGROS, BRUJAS...Y DE MI


De regreso de unos meses de ausencia “cincuentaunera”, en los cuales viví fabulosas aventuras y no menos magníficas experiencias que a continuación pasaré a relatarles…sería lindo empezar así. Pero no. No escribí nada en mi blog porque mi cerebro, o lo que queda de él, se ha encontrado un tanto desierto. O superpoblado de contingencias cotidianas de ínfimo, o nulo, interés público. Que para el caso es lo mismo. Pero no he dejado de cruzarme con ogros y brujas. Y hasta de intercambiar “opiniones” con ellos, (entrecomillo porque la verdad más que opiniones son resuellos y exabruptos). De hecho, J.R.M.G., ogro si los hay, se paró delante de mi con el rostro más atribulado que de costumbre, y sin siquiera soltar un “buenos días”, me lanzó un ronco y humeante: ¡Una mierda! ¿Sabes qué? ¡Una mierda! ¿No decías tú que alejarse un tiempo arreglaba el asunto? ¿Te acuerdas? Antes del verano…se fue de vacaciones ¡un mes! ¿Y cómo ha vuelto? ¡Como una bruja! Que le tenía la casa hecha una chabola, que olía, que no se me puede dejar solo…
El siguió pero yo ya no lo escuchaba. Además me reclamaba a mí como si fuese su terapeuta…o el cura que los casó. Le di un par de palmaditas en el hombro y huí. Me arrepentí de ser entrometido. Aunque la vez que hablé con él solo le di mi opinión, no es que pretendiera aconsejarlo. Pero se ve que el tipo se lo tomo muy en serio. Tanto, según me enteré luego por M.C.R.P, una bruja vecina, que el hombre se gastó hasta la última moneda para “darle vacaciones” a su mujer, y a sus dos niñas, y a la vuelta no había en la nevera ni un huevo ni dinero para comprarlo.
M. la excusó a su vecina largándome a mí el fardo de lo terrible que somos los hombres con el manejo de la “pasta”, que somos un desastre total, que sabemos ganarlo pero no nos dura, que si no fuese por ellas viviríamos al pairo, y mugrientos, en fin. Se desahogo. El marido de M. es un tipo calvo, de aspecto pulcro y gestos de timorato. Una vez me dijo: se ve que usted es un hombre con carácter. Me dio pena. Primero porque se confundía, soy bastante cobarde y tímido. Segundo porque me dio a entender que él vivía sometido.
De todos los ogros y brujas con los que me cruzado en estos últimos tiempos no escuché otra cosa más que rezongos, insultos, acusaciones mutuas…bah, lo de siempre. Ninguno parece haber registrado la crisis, las revueltas árabes, las pavorosas matanzas en Siria, (la verdad, toda la izquierda universal tampoco parece darse por enterada), los anuncios de apocalipsis variopintos, ¡el cacharrito con ruedas que recuerda a “Las Crónicas Marcianas”!, las algaradas nacionalistas, populistas o racistas (Grecia), la muerte de la atleta Somalí (Samia Yusuf Omar) que intentó llegar a Lampedusa en patera para –dicen- participar en los juegos de Londres…Nada. Los ogros y las brujas, en sus microcosmos.
Una bruja me preguntó: ¿y tú qué?
-¿Yo?
-Sí, tú…que tanto te gusta criticar…¿qué? Seguro que eres un ogro de lo peor, ¿por qué no hablas de ti? ¿Estás casado?
(Me pareció que me lo preguntaba con otro interés, mal pensados como solemos ser la mayoría de los tipos…como yo. Y mentí).
-Pues no…-, y sonreí tontamente haciéndome el pícaro. Error. La bruja me caló al instante.
-Deberías…y después ponte a hablar de los demás-. Y se fue, meneando el culo, ofendidísima.
No era mi intención liarme con esa…bruja. ¡De verdad! Uno actúa por instinto, nada más. Pero es cierto que muchas mujeres se ven más atractivas cuando se ofuscan que cuando nos miran con un cierto hilo de baba. ¡Ah! Que la baba solo era cosa de hombres…no, no, de ninguna manera. ¡Hasta los ogros y las brujas babean! A su modo, claro.
Esa noche me paré a observarme fijamente en el espejo. Mucho más que de costumbre. Al punto que mi mujer golpeó la puerta del baño y me preguntó si me sentía bien. Cosa que no hace casi nunca. Debí haber estado en silencio demasiado tiempo. Salí rápido como si me hubiesen pillado en algún renuncio, y la miré fijamente a los ojos, (creo que la asusté un poco)
-¿Qué pasa?-, susurró.
-Dime la verdad ¿para ti soy un ogro?
-Claro-, respondió con una sonrisa, -pero no todo el tiempo-, aclaró –sino hace mucho que te hubiese mandado a la mierda…yo también soy un poco brujita, ya sé, pero es lo que hay…como las lentejas…-
-Qué…
-Las tomas o las dejas…
-No; me refiero a eso que soy un “ogro”…
-Tú eres el que habla todo el tiempo de eso…deberías saberlo mejor que nadie, ¿no?
-Hoy “una” me dijo algo parecido…
-¿”Una” qué?
-Y…una…bruja…
-¿Estaba buena?
-Nooo…no te he dicho…era una bruja…

(Está historia continuará)
(Eso espero)
(Sí, creo que si…)
(Si, seguro que si…)
(Si)


sábado, 7 de enero de 2012

SOBRE OGROS Y BRUJAS

Nada. Ni la cada vez más posible guerra de Irán contra potencias occidentales; ni las “primaveras” árabes; ni los otoños capitalistas. Nada. Los ogros y las brujas continúan con su rutinaria y esperpéntica condición en millones de hogares de todo el mundo mundial. Nada cambia en la primitiva e imperecedera estructura cotidiana de estos seres condenados a ser lo que son, y a hacer lo que hacen sin perjuicio de cambios climáticos y tecnológicos. Como los virus, mutan. Se adaptan a los nuevos tiempos, y a las nuevas situaciones medioambientales y sociales. Sin perder jamás su esencia, por supuesto: ogros y brujas.
La cura a semejante pandemia subestimada es simple, me dijo uno, se llama “divorcio”. En cuanto apartas a un ogro de una bruja, o viceversa, verás que reaparece un rostro humano. Aunque otro me sugirió, a modo de exorcismo, y para no ser tan violento, un tratamiento intermedio: la “separación” de ambos seres, cuánto más lejos mejor, por ejemplo, uno a Rumanía y el otro al Congo. Si hay leones, el problema sería resuelto aún más rápido.
No hay bruja sin ogro, y viceversa. Decían.
Unas amigas, sin embargo, me han trasladado serias dudas: el ogro seguirá siendo ogro con o sin bruja. Algo parecido a lo que me dijo un tipo: la bruja es bruja, porque es una bruja…y se acabó. No puedo negar que no les faltan razones, es más, coinciden con ciertas teorías populares muy extendidas, que aunque por poco eruditas no son escasas de sabiduría, aquella sabiduría madurada de boca en boca a lo largo de los siglos: lo que está en la naturaleza de cada uno permanece, siempre, a solas…o en montón. La ciencia le presta poca o ninguna importancia al asunto, de hecho no hay, hasta donde sé, estadísticas que corroboren ni lo uno ni lo otro. Cuando hablamos de ogros y brujas, caminamos a ciegas.
No hay estudio fehaciente que pruebe los cambios que sufre el cuerpo de un ser, que antes fue humano, en el caso que lo haya sido, el exorcismo o la cura antes mencionada. Tampoco hay elementos contrastables acerca del pre proceso de transformación, esto es, cuántos eran, realmente, ogros, y cuántas, brujas, antes de manifestarse de modo concluyente en tales especímenes, durante el matrimonio. ¿La enfermedad proviene del matrimonio? Esto me lo preguntó una joven con rostro preocupado. No supe qué decirle, la verdad.
También me preguntó algo muy interesante, y sobre todo, acorde a éste, su tiempo: ¿No hay estudios genéticos al respecto? Le respondí lo lógico: no me consta. Y me puse a buscar desesperadamente en internet. Nada. Sí, cosas de mitologías hay. Cuentos que no tienen nada que ver con esta dura realidad.
Se pierde el tiempo precioso de geniales científicos, y enormes fortunas, en investigar la genética de una laucha, pero saber si ogro se nace o se hace, ná de ná.
Un fatal descuido de los gobiernos más desarrollados: el ogreísmo y el brujismo son causas de millones de muertes, muchas prematuras, en gente de avanzada edad (hasta ancianas). De hecho es una de las razones de muerte más extendida en nuestras modernas sociedades (¡tan evolucionadas que las creemos!). Causan tabaquismo, alcoholismo, consumismo grave, tos, vómitos, renqueras, migrañas, insomnios, mal de ojo y presbicia (ésta última relacionada con las horas y horas diarias de adicción a Facebook), afecciones de oídos (la música que inducen a escuchar, a veces, es mortal), gastritis, celulitis, ojeras, arrugas, politraumatismos de columna (esto también está relacionado con las malas posturas al sentarse durante horas y horas frente al ordenador, mirando Facebook), y la lista sigue…
Si los ministros de economía de los diferentes estados del primer, segundo, y hasta del tercer mundo, tuviesen en sus manos las cifras del costo sanitario de tal descuido, de seguro tomarían medidas urgentes. Hasta se olvidarían del gasto que les produce a sus gobiernos, por ejemplo, el arribo de miles y miles de inmigrantes sin papeles. Aunque muchos llegan con el síndrome de ogreísmo y brujismo acentuado por sus variopintas culturas.
Lo que decía al principio: se subestima el tema. Se suele hablar de él (del tema) en tono jocoso. Los mismos enfermos se toman a la risa semejante drama. Es cierto que muchos y muchas ríen por no llorar, la verdad. Lo tremendo es que no se trata de un problema heterosexual, no, los gays también lo sufren, y de un modo particularmente complejo: un mismo gay puede convertirse en ogro o en bruja, o al revés, en el mismo lapso de tiempo de matrimonio. A veces hay dos ogros, o dos brujas, en el mismo hogar. Cosa que ya es. Otra amiga me sembró de más dudas: ¡Ojo! Eso puede pasar también en un matrimonio hetero…¡Uf!
Como sigo investigando el asunto –alguien tiene que hacerlo, si nuestros gobiernos no se ocupan, allá ellos-, antes de culminar este “estudio” preliminar les dejo una semblanza “fiestera” de ogros y brujas:
SALDO DE LAS FIESTAS ENTRE OGROS Y BRUJAS
Con toda la resaca encima, y el dinero fuera, los ogros son más ogros, y las brujas, bueno, idem. ¿Pero cómo lo han vivido estos personajes?
Datos no científicos aseveran que: en Navidad (celebración en un 90% penoso para los adultos y 90% feliz para los peques), el ogro o la bruja, o ambos, se han ido a dormir antes de las doce.
El ogro y la bruja se han peleado al menos en tres ocasiones durante la jornada…del 24.
La bruja y el ogro apenas se dirigieron la palabra durante la cena.
Entre la bruja y el ogro se hicieron regalos, pero los compraron al tun-tun, y más de cara a los hijos, y los parientes, que por otra cosa.
El día después (el 25) de la bruja y el ogro, no tiene diferencia con un lunes cerca de fin de mes, de cualquier mes del año. Sin una moneda y con caras largas. Si hubo sexo en algún momento de la madrugada-noche, nadie parece haberlo notado. Más allá de las huellas al uso.
EN AÑO NUEVO LA COSA CAMBIA
Ambos están despiertos hasta después de las doce campanadas. Eso sí, a eso de la una, una y media, alguno falta. Y seguro está durmiendo.
El brindis suele ser cordial: besitos aquí y allá, salutaciones y buenos deseos varios, unas carcajadas sueltas a raíz de un chiste tonto del tonto de turno de la tele…y a la mesa a comer nueces y terminar la copa de sidra, o cava, o lo que haya.
Si tienen hijos grandes, estos salen como misiles disparados a diferentes sitios, aunque todos dicen: voy a saludar al tío Julio –al otro lado de la ciudad-. Saben que el tío Julio sigue en coma desde la Navidad del 90, en la que un corcho mal dirigido le impacto en la nuca. Por eso ¿para qué ir a saludarlo? Todos a la discoteca más próxima, ya lo saludarán mañana. U otro día.
El ogro y la bruja “al fin solos”. Solos, sí, cada uno. Hay quién recoge los platos, como para hacer algo, y otro –más que otra-, a hacer zapping, a ver como reciben el año nuevo al otro lado del planeta. Ese lugar al que quisiera irse el ogro y la bruja, pero sin el ogro ni la bruja. Cada cual por su lado.
¡Y todavía faltan Los Reyes Magos!

viernes, 30 de diciembre de 2011

Deportivamente hablando...de sexo.

En términos estrictamente futbolísticos ganar por la mínima diferencia -1 a 0-, y ante el rival de toda la vida, es mejor que por goleada. A quienes no les interese el fútbol no lo van a entender fácilmente, claro: se trata del goce por el sufrimiento ajeno. Y si es en el último minuto del tiempo añadido, aún mejor. Esto en el sexo no es así. El mejor resultado, para un hombre –aunque sé que muchas mujeres también estarían de acuerdo-, es “perder” 1-2, o 2-3, o 2-4…o 3-6 (vaya goleada).
Si el hombre “gana” 1-0, y desde el primer minuto, es fatal.
Un empate no solo es válido, es un gran resultado. Siempre y cuando se haya abierto el marcador, porque un cero a cero es preocupante.
Muchos al revés del fútbol, prefieren el sufrimiento propio si genera el goce ajeno.
Si en vez del fútbol, extrapolamos el baloncesto, obtenemos contradicciones parecidas: Aquí marcar un doble o un triple, en ocasiones no es lo más indicado. Es preferible que de vueltas alrededor del aro y no enceste. El juego puede seguir, y todos felices y contentos.
La equitación también tiene lo suyo. Pero depende del equino. O la equina.
Volviendo al fútbol –que tiene mucha miga, y es más popular-, de nuevo notamos extraños paralelismos a la inversa: si te muestran la tarjeta roja no solo no te echan, seguís jugando aunque te den más de siete fechas. Y los goles los podés gritar a pleno. Y a dúo.
Peligro: si te encuentras un gol en propia puerta, seguro, es que entró un “espontáneo” en la cancha. ¡Ojo! Es lo que tiene ir a jugar de visitante sin conocer previamente el terreno. Ahí sí que perder es perder.
Otra cosa: si la parás con la mano no te cuentan los segundos, pero si la sostenés mucho tiempo puede que alguien se vaya al entretiempo con cierta frustración.
En el fútbol como en el sexo se usa mucho el culo. Y no precisamente en sentido figurado, ni en alusión a la buena suerte. En el balompié es para mantener a distancia a tu marcador. En el sexo, bueno, ya sabemos…es al revés. Y aquí si vale embarrar la cancha. Depende de la estrategia o la brusquedad del encuentro.
Rivales “camuflados”: Esto a veces arruina lo que podría haber llegado a ser un gran partido. Es lo que se dice, un “tapado”. Y no sirve jugar de igual a igual. Bueno, para algunos tal vez, y les va como anillo al dedo. Justamente.
Aquí eso del “fair play” es relativo. Por eso muchos prefieren deportes solitarios. El lanzamiento de jabalina, por ejemplo. Se compite, pero el precalentamiento, el lanzamiento, y luego el festejo, es cosa de uno solo. Como las acróbatas que hacen mil piruetas sobre un banco, en apariencia, frío y tosco. Para gustos.
La cuestión es mantener el estado físico.
Claro que depende de la edad. Siempre hay que buscar lo más apropiado.
Con cierta cantidad de años encima con arrimar el bochín es más que suficiente. Es el juego de las bochas. Se anda despacito, se lanza la bocha con delicadeza, como en cámara lenta, y se juega ya, por supuesto, entre amigos. Y hasta le cuentas como te fue en tu última visita al proctólogo.
De nuevo en el fútbol. De joven podés jugar varios partidos en el día, y volver a jugar de noche, con distintos rivales y en diferentes equipos. Y mucho balonazo, y correr por la raya. Siempre por la raya. Porque hay que tener estado para subir y bajar quinientas veces. Sí, como Di María, hasta parecer un pollo sin cabeza, que cuando ven que lo van a cambiar por otro, ¡corre todavía más! Aunque para pelados veloces: Roberto Carlos. Es cierto que ahora está más para arrimar el bochín que otra cosa.
También el tenis. Hay a quienes les gusta la pareja de dobles. La recibe uno, se la tira al otro; todos se mueven, uno por detrás, otro por delante. Hay parejas más ganadoras que otras, pero divertir se divierten todos. Y al final ¡todos a las duchas!
Para variedad, lo que se dice variedad: Sumo. Que te agarro, que agarras, que te tiro, que me tiras. Un sarandeo para aquí, otro para allá. Muslos hay de sobra…y tetas también. Y lo mejor de todo: nadie se avergüenza de su tripa.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

¡Facebook me mata! -segunda parte- La libertad

¡Qué cantidad de parejas destruidas por el puto Facebook!, exclamó mi amiga, después de recibir telefónicamente el último anuncio de ruptura amorosa. Ya estarían destruidas desde antes, pienso yo, le respondí, dudando de mis propias palabras. ¡No; no, “esto” de Facebook es terrible!, insistió sabiendo detalles que seguro yo ignoraba. ¿Viste lo del tipo ese que echaron del trabajo? ¡Otro! Por poner en su muro: si me saco la lotería de Navidad los mando a todos estos m…a la m…Claro, lo leyeron sus jefes y lo echaron, así nomás, salió en el diario y todo ¿no lo viste?
Bueno, pensé, en estos tiempos hay que ser cuidadoso con lo que uno escribe en la red, en cualquier parte, y por insignificante que parezca. Justamente yo, que si algo no tengo es eso: cuidado. Escribo exactamente lo que me viene en gana. Siempre digo que si no soy libre para expresarme en mi propio blog ¡Para qué tengo un blog! Ahora, eso sí, Facebook tiene un imán para “para meter la patita”, como diría Cortázar. Además de gente sorprendente, está lleno de “Wikileaks”, de mirones, de correveydiles, de envidiosos, de arrogantes, de ególatras, de narcisistas…y sobre todo mucha soledad e insatisfacción. Sobre todo soledad. Lo del tipo que echaron me parece una jodienda, pero la verdad, es que no estuvo muy acertado con su euforia previa, epa, que es una red social. Y tiene muchas formas de acceso, y puntos de observación. Más aún si uno deja su ordenador en el trabajo ¡con la contraseña puesta! Que no sé si era este el caso. Después, además, la cantidad de amigos, de amigos, de amigos, que muchos de amigo nada, que al final no sabes quién se mandó el chivatazo: ¡Mira lo que puso éste! ¡Juá!...y te echan. Y todos calladitos.
En una pareja, ni hablar: son “amigos” entre sí, lo que ya es, ¿no? ¿Qué necesidad tienen de “tenerse” ahí si ya duermen juntos? Si todo, absolutamente todo, se lo pueden contar hasta en el baño cuando uno va a hacer pis y el otro se está cepillando los dientes. Y se ponen “me gusta” y ambos están en el salón cada uno con su portátil (¿?) y uno mira al otro y le guiña un ojo. Estamos muy, pero que muy enviciados.
Luego, claro, surgen los problemas, y la relación se vuelve asfixiante. Y ni hablar de la sospecha. Porque claro, uno le da un “me gusta” a fulana o a zutano, y el otro lo ve. O tal ahora es amigo de…y se ve quién solicitó la amistad. O los correos “privados” que saltan a la vista con numeritos rojos, y empiezan a volverse una alarma para el que anda sospechando. Y además quienes andan “sueltos o “sueltas”, no tienen el menor empacho en llenar de comentarios sugestivos e insinuantes, las fotos y publicaciones de la/el que le parecen interesantes…aunque sean con la mejor intención del mundo.
Si a todo esto sumamos las horas que te puedes pasar mirando las supuestas bienaventuranzas ajenas –aún aquellas en donde no has sido invitado: perfiles abiertos a todo público ex profeso o por error-, las neuronas van muriendo por una mezcla de frustración y envidia letal: ¡Guau! Qué cochazo se compró fulanito; ¿¡Viajó a Alaska la desgraciada!?; ¡Hum! Esa, seguro que se hizo algo en la cara ¡no puede estar igual que hace quince años!; ¡Qué bien que se la pasa éste! ¡Está siempre de fiesta! Claro, no tiene hijos…
Esto multiplicado por horas, días, semanas, meses…explota. Y la primera víctima de la deflagración es el mirón/na, la segunda, su pareja, y así sucesivamente como las fichas del dominó.
Ni que hablar de los/las que viven pendientes de sus Iphone o similares. ¡Insoportables! Solo por eso una pareja se desmorona.
Pero el voyeurismo virtual, indiscriminado y compulsivo, es lo que masacra más neuronas que cualquier otra cosa. Y rompe más parejas. Esa contemplación extasiada de existencias aparentemente satisfechas de gente común y corriente que podrían ser uno pero son otros. Entonces, se hacen números, se cotejan fechas de nacimiento, lugares, colegios, siempre comparándolos con la vida propia, como si de esa extraña ecuación pudiese aparecer la respuesta del por qué me toca a mí esta vida sin pena ni gloria, aburrida. Y otra vez. Observar a su propia pareja con un dejo de bronca y lástima: ¿Por qué me casé con “esto”? Como si la culpa de su propia mediocridad hubiese llegado soterrada bajo la cara, ahora más vieja, del cónyuge.
Finalmente, creo, lo que más socaba una relación, siempre hablando de Facebook, por supuesto, es la libertad, simulada o no de sus protagonistas. La libertad que imaginamos tienen los otros. Por sus viajes, sus amoríos, sus fiestas, ¡hasta sus protestas! La libertad. Siempre seductora, siempre sensual, siempre irresistible. La libertad, y su infinita gama de posibilidades. Es casi imposible evitar su “virus” y los espíritus más vulnerables, los de uno o ambos componentes de parejas de años, ya devorados por la carcoma de la rutina, acaban sucumbiendo. La libertad, el gusanillo.
Pero no nos engañemos, Facebook es solo una ventana más del cosmos de internet. Si alguien se asoma muy seguido a esa ventana es porque busca algo diferente de lo cotidiano. A veces lo encuentran y dejan el mundo virtual por el real. Otros solo desean divertirse un rato con “amigos”. Muchos acaban, de tanto asomarse, cayendo al vacío. En especial el de sus vidas. Pero Facebook es solo una herramienta, una maravillosa herramienta, sí, pero como cualquier herramienta, todo depende del uso y abuso que le demos. Lo miserable o noble, siempre está dentro de nosotros. Como la libertad.

domingo, 18 de diciembre de 2011

¡Facebook me mata! -parte uno-

Más que una obsesión. Nos hemos vuelto adictos al punto que ya ni miramos el Hotmail…ni siquiera el youtube. Todo es Facebook: el correo, las noticias, el chusmerío, los vídeos, los juegos…Hay gente que vive paranoica y ante el mínimo click del móvil de alguien haciendo una foto, se desesperan: “Eh, eeehhh! No vas a meter esa “fotito” en Facebook, ojo…”. Si van a una fiesta están con un ojo en algo que les interesa y otro en los flashes.
En otra entrada de mi blog, hablé de las “ex” y los “ex” en FB. Pero el universo de pasiones y soledades de este nuevo “juguete” de la comunicación no tiene límites. Si bien es cierto que la mayor parte, el grueso de la información que circula por su escaparate es sólo eso, es decir, un asunto virtual, hasta en lo aparentemente afectuoso o comprometido, que por lo general se queda en apariencia y mera gesticulación de una simpatía que no es tal…se trata más bien de “estar”, de decir “presente”. Aún en asuntos intrascendentes para el propio autor de la foto, el chiste, la noticia, la denuncia o lo que sea. Pero ahí ya aparecen tres o cuatro con su “me gusta”, y algún que otro haciendo un comentario menos trascendente aún, o deliberadamente egocéntrico, que no viene a cuento de nada. Y a este también se le cuelgan un par de “me gusta”. ¿Por qué no? Si es gratis, y rápido. Un toque y ahí estamos, sumando nuestros nombres. Aunque más no sea para llamar la atención de alguien que diga: “¿Quién es este?”, entonces se mete en tu perfil, ve tu información y: “Ah, mira, le gusta Woody Allen y Bukowski…intelectual…le solicito amistad!”. O si no: “Ah, mira, le gusta Woody Allen y Bukowski…carroza…qué aburrido, puaj!”. Y así crecen las amistades como setas. Los “amigos”. Mi experiencia reciente en cuanto a este temita del “compromiso” virtual me a mostrado una cosa curiosa: si dicen que “quizá asistan” (a tu recital, por ejemplo), es seguro que no van. Y si ponen que van a asistir, casi seguro, tampoco van. Muchos se quejan luego, y hasta aparecen los que se habían “comprometido”, poniendo un “me gusta” ¡a la queja! “Falluterías” al margen, hay quienes, claro, no asistieron por verdaderos motivos, pero sí es verdad, lo he cotejado, la mayoría lo hace (poner que van a ir) por “cortesía”. Así pues muchos artistas, escritores, etc, confían, y promocionan, su espectáculo o su estreno, o la presentación de su obra, imaginando un lleno total. Resultado: Van un montón de desconocidos que se enteraron de “boca en boca”, y de los virtuales ¡ni el tato! ¿Los virtuales?, los “amigos”, por supuesto.
¿Qué pasa con otros tipos de citas? Bueno, eso es un tema, como diría Einstein, relativo. Si es uno a uno, o uno contra uno, o sobre uno, la asistencia tiene un alto poder de convocatoria. Aunque de artístico poco, parece que de satisfacción bastante, y el “me gusta” queda relegado solo y exclusivamente a los dos participantes. Aunque no falta el comedido que mete su “me gusta” donde no le corresponde, y su comentario donde tampoco le cabe.
En política más de lo mismo. Sin excepción de ideologías, aunque hay unas que tiene más tirón que otras, of course. La cantidad de gente que se adhiere a propuestas “revolucionarias”, “contestatarias”, “protestatarias”, y de otras “arias”, es casi infinita. Además de las subidas de tono en los comentarios: “Sí, hay que matarlos a todos ¡a por ellos”. Y yo estoy convencido que lo ha escrito un tipo –o una tipa-, muy repanchigado en el sofá de su casa, en el intermedio de la peli que miraba. Tal vez una de Chuck Norris, o de Jean Claude Van Damme. Vamos, que su compromiso duraba los cinco minutos de tanda publicitaria.
¿Con los animalitos? ¿Y las plantitas? Igual. Igual, si es que el asunto es muy simple. Excepto el que se ha molestado en “colgar” la propuesta, y quienes la han compartido, el resto se suma con un automatismo digno de asombro. Diez segundos después lo único que le recuerda que le dio al “me gusta” en el proyecto de enviar una sonda a la luna con semillas de amapola en su interior, o de juntar dinero para una expedición ecologista a la cima del Himalaya para colgar un cartel de papel, por supuesto ecológico, que diga de la importancia de preservar la extraña variedad de caléndulas que está a punto de extinguirse en el Mato Grosso, digo, lo único que se lo recuerda es que aparezca el “ a ti y a otros dos mil más le gusta”.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Sexografías: "Brujas", "Ogros" y resurrecciones.

-¿Sabés lo que te faltó decir? Es quién se transforma primero, si el “ogro” o la “bruja”, entendés-, me cuestionaba mi amiga Julieta, -porque no creo que de la mañana a la noche, y poniéndose de acuerdo, los dos salten de la cama convertidos…siempre hay una de las partes que se transformará primero, digo, ¿no?
Le expliqué que eso sería como buscar un responsable, y en una pareja, como dicen las “viejas de barrio”, las cosas son de dos. Aunque, acotaría yo, las más de las veces son de tres…y hasta de cuatro, o de cinco, si me apuran. Y con el Facebook se multiplican hasta el infinito. Dependiendo de la cantidad de “amigos”, claro.
Sebastián, un amigo, de carne y hueso, me preguntó otra cosa:
-¿Sabés cuánto tarda un “ogro” en convertirse en hombre?
-No-, le respondí intrigado, y sorprendido.
-Un segundo-, respondió con sonrisa maliciosa. Y me hizo caer.
-¿Tan rápido?-, pregunté siguiéndole el juego.
-Bueno, depende de lo que haya durado el primero-, se rió satisfecho de su invención.
No está mal, pensé. Por lo general entre “ogros” y “brujas”, uno ya es demasiado, y en una semana, o al mes. Así que si se repite en una misma noche algo cambió o está por cambiar. O es la despedida. Igual ese hecho –la repetición del acto sexual entre dos infortunados-, puede ser un síntoma de resurrección. O la recuperación súbita que precede a la muerte. Siempre hablando de la parte humana que ahora está abducida por los desagradables personajes míticos de la cotidianeidad.
De todos modos Sebas me aclaró: Yo habló del “ogro” con otra mujer, humana, ¿me entendés?, no con la “bruja”. Con esa ni un millón de años…luz.
Le contesté que desde mi punto de vista el sexo, si bien es esencial, puede llegar a sublimarse en situaciones extremas, y el amor entre ambas personas permanece inalterable. Una cosa es la pasión desenfrenada que se dosifica con el paso del tiempo, y otra el “brujismo” y el “ogreísmo”. Uno de los factores fundamentales para la aparición de éstos es el tiempo. Tiempo de hervor, tiempo de cocción, tiempo de deglución, tiempo de digestión y…tiempo muerto. En cuál estadio de la relación surgen los nefandos personajes, es imprevisible. No hay fórmulas. Quizá alguna que otra estadística no muy fiable, de esas que se publican en las revistas de supuesto valor científico. Nada. Más aún cuando hay otro elemento tan vital como incontrolable: el deseo. Este te puede llevar al milagro o la tragedia.
(Mientras yo me esforzaba por desarrollar una supuesta “teoría” más o menos coherente, mi amigo miraba las piernas cruzadas de una bonita dama, que todo hay que decirlo, también acaparó mi atención unos instantes. Hasta que se fue, concretamente).
-¿Te sigo contando?
-Sí, sí, seguí, seguí-, insistió Sebas, nuevamente interesado en el tema.
Bueno, como te estaba diciendo, son muchísimos los factores que acaban degenerando la fisonomía humana hasta convertirla en “bruja” u “ogro”. Y ese proceso no es fácilmente reversible. No basta con “más sexo”. Ni tener más sexo rehabilita la desmoronada estructura de un matrimonio en ruinas. Lo esencial es el amor, y es lo que se ha evaporado. Cualquier proeza amatoria no hace otra cosa que certificar la ausencia de lo esencial.
Sebas insistió, apuntándome un par de ejemplos de gente conocida por ambos, en que igual es posible revertir el proceso. “Brujas” que han vuelto a ser mujeres con sus respectivos “ogros” reconvertidos en hombres.
-Lo dijiste vos: no hay fórmulas. Y es algo así como una “resurrección”…
-No me decías hace un momento que “ni en cien años…luz”.
-Bueno, es que si no, no me cerraba el chiste…lo del “segundo” y todo eso…lo que yo pienso es que no hay reglas-, se puso serio, al fin, -y si no hay reglas es que hay libertad, y si hay libertad hay elección, y se elige a aquel o a aquella que en algún momento parecía un “ogro” o una “bruja”, es que hay grandes probabilidades de que sea amor, ¿no? ¿No hablabas de lo esencial hace un momento? No digo un amor, así, apasionado. Algo más templado, sabés…más equilibrado…Apasionado pero no tonto…
-Con respeto mutuo…
-Eso, claro, ¿no es lo primero que notás entre “brujas” y “ogros”, la falta de respeto?
-Pues sí…¿Y vos crees que es posible recuperar el respeto cuando ya se han hecho tantas heridas? Cómo se recupera la confianza, antes de nada. Porqué tenés que confiar en que no se va a perder nunca más el respeto, ¿entendés?
-Mirá, yo conozco gente que lo ha logrado. Cómo, y no sé, pero ahí están, y muy felices…
-Cuando se pierde el respeto, puede que hayan formas de recuperarlo, pero te aseguro que cuando se pierde la confianza, no la encontrás nunca más.
-No decías que lo esencial es el amor…
-El amor es confianza.

domingo, 4 de diciembre de 2011

SEXOGRAFIAS: Confesiones de ex "Brujas" y ex "Ogros"

ROSA M. L. ex Bruja
¿Sabés lo que es estar harta? Claro, vos, como hombre lo ves de otra manera. Del otro lado. Mirá, te doy un pequeño detalle: a mí no me gusta el fútbol. Para nada. Ni lo entiendo, ni me importa. ¿Qué cómo me casé con un fanático? José no era así. Se soltó después. Sí; miraba un partido de tanto en tanto. Como cualquier tipo. Lo normal, bah. Pero esto es solo un detalle, un pequeñísimo ejemplo de lo que parece ser y no es. O mejor dicho: lo que venía agazapado en el envase y no se mencionaba en el prospecto, entendés. Ahí también venía el “ogro”, sí, no te rías, propiamente un “ogro”, y no era que tenía que frotar la lámpara para que apareciese el genio, bueno, el mal genio, ¡salía solito! Un “ogro” con mal aliento incluido; sucio, desarreglado, de un humor imposible, malos modos, en fin…un “ogro”. Se “volvió” machista y para colmo, esto sí que ya me daba…asco: pajero. ¡La cantidad de páginas porno que tenía en su computadora era de escándalo! No sé…¿Cómo se sentirían ustedes si nosotras nos la pasásemos mirando tipos jovencitos con unas tremendas...? ¿A qué los pondría enfermos?
Con Felipe es diferente. Es un intelectual…es amoroso. Hasta se sienta en el inodoro para no mear afuera. Lo importante es que él hace su vida y yo la mía. Esa es la clave. No me pone cara de “ogro” cuando vuelvo tarde, o se me ocurre ir sola al cine…o no hice la comida. Es libertad, sabés, li-ber-tad.
Con José tuvimos dos hijos, y los dos están muy bien. Se llevan bien con Felipe –como él no tiene ninguno los quiere como si fuesen de él, con sus límites, claro-. José no llevó bien el tema de la separación. Al principio yo tampoco, imaginate, después de casi veinte años. Felipe me ayudo mucho. Si no fuese por él, no sé…me ahogaba, sabés…parecía que vivía la vida de otra a la fuerza, sí, a lo último sentía que estaba cumpliendo una condena. Me decía a mi misma: “Esperá, aguantá un poco más, cada vez falta menos”. No sabía para qué, pero sabía que un día se acabaría el suplicio. No, no exagero, un verdadero suplicio. Ustedes no tienen ni idea de lo insoportables, insufribles, ¡pesados! que pueden llegar a ser…ni idea. ¡Encima nos llaman “brujas”! Voy a ver a la “bruja”; a ver qué cocinó la “bruja”; lo que pasa es que la “bruja” no me planchó la camisa…”la bruja”. Ahí tenés a la “bruja”, a ver quién te aguanta ahora…La verdad es que recordar ciertas cosas me saca de quicio…me vuelve una “bruja”, já. Otra cosa que me viene a la cabeza es la mirada perdida. Les hablás de cosas que para una son importantes, y deberían serlas también para él, como la salud de los hijos ni más ni menos, y te das cuenta que tienen la vista posada en vaya saber que estupidez…¡Como vos ahora! ¿Ves? Es eso…ustedes son así, tal cual. ¿Felipe? El me escucha. ¿Qué un día se convierta en ogro? Le doy una patada en el culo, y mucho más rápido…¿Vos te crees que me voy a pasar los últimos años de mi vida con otro marmota? No, no…Te aclaro una cosa: a nosotras no nos basta con que lo “haga bien”. Llega un momento en el que sin mucho mimo, pero mucho, eh, no hay modo de tener ganas…a ustedes se les para y listo ¡a la carga! Creen que somos un recipiente…A la única previa que le prestan atención es a la del clásico del domingo…Y del después ni hablar, se dan vuelta, y a roncar…”Ogros”…Ahora, eso sí, cuando ya te hartaste, cuando ya pasaste ¿cómo dice la canción? ¿”Mil noches en vela”? Sí; la del Sabina, esa…Cuando decís basta, hasta aquí llegué, aparece como del fondo de la historia un tipo que apenas se parece a aquel del que te enamoraste, porque apenas se parece, y no porque esté viejo sino porque una cambió, sabés, y ya hoy no te casarías con un tipo así…la verdad…Y te viene llorando: “que por qué ahora”, “qué por qué así”…no se dan cuenta. ¡Creen que es la mamá la que los abandona! ¡La mamá! Ni en ese instante son conscientes…Eso sí, te termina de reafirmar en lo necesario y urgente de tu decisión. Y lo que te decía antes, yo ya tengo dos hijos, suficiente, cumplí con la sociedad y la naturaleza, listo…
¿Si tengo miedo de terminar sola? Si viví tantos años sola, soportando a un semi desconocido en mi cama que no sabés con qué te va a salir…¿miedo? No, no, miedo tenía antes, además te voy a decir algo que le escuché a otra mujer: No hay peor soledad que la soledad compartida.

JUAN E.G. ex Ogro
Reconozco que tenía razón, digo, la Mirta cuando se separó de mí. Bah, se fue. Es cierto que me llevó un tiempo asumirlo, sabés, un tiempo con Normita, otro con Julieta, otro con María, y otros tres o cuatro tiempos más cortos con…bueno, no me acuerdo de todos los nombres…todas buenas pibas, eh, muy buenas pibas. Con Julieta me hubiese casado, ves, pero ella también venía muy golpeada. Y sí, el “dorima” la “fajaba”. Eso sí que es duro. Nosotros somos de otra generación, una mezcla. Por un lado el Rock and Roll, el amor libre…todo eso…y por otro somos como la vieja guardia del tango, con conceptos más bien arcaicos; el orgullo de la familia “unita” como decían los “tanos”. El rol del hombre en el trabajo, el rol de la mujer en el hogar…Rock por un lado y rol por otro, parece joda, já. Pero es así. Volviendo a “lo de Mirta”, sí, al final le di la razón. Al final me refiero a más de un año después. Igual te quedan pequeñas cositas…resentimientos…¿Viste el dicho “el que se quema con leche ve una vaca y llora”? Bueno, eso. Yo veo un gesto, un ademán, cualquier síntoma de acritud, y me digo: ahí está la “bruja”. No les aguanto una. Con Normita me agarré un calentón bárbaro. Claro, hacía muy poco que me había separado y andaba, ya sabés…imaginate, quince años de casado con sus buenas y sus malas…bueno, Normita me invitó a quedarme a dormir dos o tres fines de semana en su casa, al cuarto, un domingo, me acuerdo, a la mañana, salí del baño y entró ella, y así como entró, salió hecha una…una “bruja”. El rostro transfigurado, nada que ver con la “sonrisitas”…propiamente una “bruja”. Que fuese la última vez que dejaba esas gotitas en el suelo…yo estaba medio dormido, che, ¿me entendés? Pero ahí me desperté del todo. Agarré mis ropas, le di un beso, y le dije que la llamaría…algún día. Una cosa es que te lo digan bien y otra que entren en confianza como para sacudirte un escobazo. En realidad no lo piensan, son pura hormona. Y eso es lo que sucede desde que me separé: No puedo ver a una mujer sin imaginarme la “bruja” que llevan dentro. A veces hasta calculo, depende de la historia que me cuenten, o como la cuenten: ¡Hum! Esta se convierte en un mes, ésta en un par de años, ésta otra no va a tardar ni dos días. Y trato de moverme dentro de esos límites. Por ahí me equivoco. Pero ya tengo ese estigma. Supongo que ellas también harán sus propias cuentas, pero seguro que apuestan a que van a transformarnos, bah, a someternos. Yo no apuesto ni una moneda a cambiar a nadie. Y nada de culpas, eh, nada de eso que nosotros las volvemos “brujas”. Si son, lo van a ser siempre. Te doy un consejo: nunca seas condescendiente con una “bruja”, es peor, se crecen, y no van a parar de darte escobazos. Cuando ya se cansen y vos estés tirado en el suelo, encima, van a decir que te dejan porque eres poco hombre para ellas. Son tan “brujas” que si pueden dejarte inutilizable, mejor. Lo mío ahora es cuestión de subsistencia pura y dura. ¿Qué hay que darse otra oportunidad? Yo me la doy, cómo no, pero dentro de los “límites” de los que te hablaba antes. Si todavía estoy tratando de sacarme la cara de “ogro” y de pelotudo que me quedó con Mirta. La de pelotudo es más difícil, es de nacimiento. Eso es como la ciudadanía Argentina. No me hago la víctima, además, que tenga cara no quiere decir que lo sea…totalmente. Es que quedás un poco resentido, la verdad. Quedás re sentido, o sea que sentís más las caricias…y los sopapos, sos más permeable.
¿Miedo a terminar solo? No, por lo menos, por ahora no. Además “mejor solo que mal acompañado”, ¿No? Mirá, el que dijo eso, seguro, pero seguro, vivía con una “bruja”. Aunque le escuché a un tipo una cosa mejor: No hay peor soledad que la soledad compartida.